“Mami, no puedo acostarme sabiendo que esa niña está ahí sola, yo sé que ella está viva”, le dijo con voz temblorosa el más pequeño de sus hijos, tras regresar a casa sin poder dormir, con el alma revuelta por la angustia.
“Ve, mi hijo, y que Dios te ayude”, fue la bendición que bastó para que el joven retomara la búsqueda y escribiera con su valor una historia que ahora conmueve a todo un país.
Volvió al punto crítico, detuvo el agua como pudo usando sacos, y se lanzó nuevamente al drenaje, gateando entre la oscuridad y el barro, hasta encontrar a la adolescente aferrada a una varilla.
La cargó sobre su hombro y logró sacarla con vida, narró su madre, aún incrédula por la hazaña. “Fue un milagro”, afirmó con voz quebrada, mientras vecinos aplaudían al joven que, sin entrenamiento ni recursos, hizo lo que las autoridades no lograron durante toda la noche.
Doña Santa no ocultó su orgullo al revelar que sus otros hijos también participaron en el rescate, reforzando el espíritu de unidad que esa familia irradia.
Conmovida por lo vivido, hizo un llamado directo a los padres del país: “Aquí se inunda demasiado. Hay que cuidar a los niños, porque ellos no piensan en el peligro”, dijo al recordar que la joven fue arrastrada mientras regresaba de la escuela bajo una intensa lluvia.
